Después de una intensa actividad en el mercado del sexo, el histórico y genial night club Big Sister tuvo que cerrar sus puertas; mejor dicho, sus cámaras.
Volvamos un momento atrás.
El famoso local, a pocos pasos del corazón de Praga, ha sido por muchos años destino incontrastable de hombres solteros y casados. Era el único local en el mundo en el que vouyerismo y sex reality se unían bajo el mismo concepto, el único sitio en el que los clientes podían practicar sexo gratis. Todo era muy simple: llegaban, elegían a quién les parecía más apetitosa y comenzaban las artes amatorias a pacto de “regalar” estos momentos de puro placer. Las cámaras - bien posicionadas en cualquier rincón del local - grababan cada segundo de las varias y fantasiosas prestaciones sexuales que, en tiempo real pasaban directamente a la red, gracias a que los “voyeurs” podían espiar disfrutando desde sus cómodos sofás. Este era el juego, el fin, el objetivo último donde espiar y ser espiado era una forma de gozar, más que un puro placer sexual.
De esta forma, tanto las perversiones vouyerísticas del observado como aquellas del observador telemático quedaban satisfechas.
En este reportaje fotográfico, el acto sexual aparece en su plena naturaleza, carece de la teatralidad dura reforzada por la escenografía cursi de las habitaciones del night club.