Una flor por la noche...en Roma se puede…
Hay quioscos abiertos por la noche por todas partes; en las aceras de la ciudad, en las plazas o en las equinas de las calles, en el centro y en las afueras, tanto en los barrios residenciales como en los populares. Están perfectamente integrados con el paisaje urbano nocturno y, a veces, casi pasan desapercibidos.
Los vendedores flores de la noche son extranjeros: sobre todo bengalíes .
Sus historia empezó hace unos 20 años cuando se escaparon de la pobreza de sus países para encontrar suerte, para ganar algún dinerito y mantener a las familias lejanas.
En este sector el trabajo en negro es muy difuso y esto comporta una absoluta falta de tutela de los trabajadores que no tienen derecho a vacaciones, baja y seguro contra los accidentes laborales; la única manera de ausentarse del trabajo es ser sostituido por un amigo. Además la mayoría de ellos, por el hecho de estar viviendo en un estado de clandestinidad, no puede regresar a su país.
Algunos, después de muchos años de sacrificios logran tomar en gestión un quiosco y construirse así una vida mejor en Italia. En cambio, otros prefieren enviarles todos los ahorros a sus familiares que se han quedado en sus países, soñando que algún día puedan volver ahí .
Su trabajo es duro, hecho con tenacidad y paciencia. Algunos cierran a medianoche, pero la mayoría de quioscos quedan abiertos toda la noche, las 24 horas .
Durante el día venden flores, mientras que por la noche las vigilan, las cuidan, no las dejan nunca solas.